NIEMEYER Y LA INMORTALIDAD

Posted on 06/12/2012

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Hace un rato se detuvo el corazón de Oscar Niemeyer, días antes de cumplir 105 años.

image BrasiliaÍcono de su país y de la arquitectura del Siglo XX en América, fue el     responsable de Brasilia, la capital de su país que dio vuelo aerodinámico a la arquitectura de su tiempo. Planificó varios edificios públicos, el Sambódromo de Río de Janiero y el maravilloso Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi, sobre la bahía de Guanabara en las afueras de la ciudad carioca. Esos y una multitud de edificios concebidos con un criterio particular de las líneas y los volúmenes, en armonía con el entorno natural, le dieron fama mundial.

Niemeyer adhirió de joven al Partido Comunista de Brasil y con el arquitecto Lucio Costa planificó soluciones sociales al problema de la vivienda. Obtuvo el encargo de muchas obras oficiales hasta que los tiempos políticos fueron golpeados por la dictadura y debió exiliarse.

Hizo incontables construcciones innovadoras como el Palacio Itamaraty y la Catedral de Brasilia y también produjo maravillas en el exterior: participando en el equipo responsable de la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York o el edificio de la Universidad Constantina de Argelia, en este caso cuando debió emigrar esquivando la persecución política.

Recibió los honores y los premios internacionales más codiciados y conoció a los grandes arquitectos del movimiento moderno como Mies Van der Rhoe, Le Corbusier y Frank Lloy Wright… pero esas figuras gigantes no lo hacían pestañear… solamente la miseria y las mujeres bellas lo conmovían.

A los 98 años se casó por segunda vez, después de enviudar luego de un matrimonio de setenta y seis años. Hace unos meses, cuando había estado internado por un traspié de salud, preguntaba a cada rato cuándo le dejarían abandonar el sanatorio, porque tenía que terminar un proyecto que había empezado. Cuando cumplió cien, decía que tenía sesenta, porque seguía haciendo las cosas que hacía a los sesenta… entonces no le daba bolilla al calendario. Quizás por eso pasó la centuria con lucidez y produciendo.

Alguna vez dijo: “No es el ángulo recto el que me atrae, ni la línea recta, dura, inflexible, creada por el hombre. Lo que me atrae es la curva libre y sensual, la curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de sus ríos, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer preferida. De curvas está hecho todo el universo, el universo curvo de Einstein”.

Niemeyer no murió a los 104 años, se fue a descansar de tanto trajín.

Ana María de Mena

 

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