Nota sobre las editoriales patagónicas de la revista online “Que responda el viento”

Posted on 19/09/2012

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“Las grandes editoriales compran los espacios”

La Primera Feria Patagónica del Libro, recientemente finalizada, fue ocasión de conocer el trabajo de algunas editoriales medianas y pequeñas. Un perfil del mercado editorial desde sus protagonistas.

Julia Chaktoura: “No hay que seguir a expensas de la cabeza del león” 

La escritora y editora Julia Chaktoura brindó sus apreciaciones sobre el mercado editorial en su conferencia “Libros infantiles, monopolios editoriales y realidad regional”. Junto a Norberto, su marido, está al frente de Del Cedro ediciones, una pequeña editorial de Trelew que lleva diecisiete años publicando libros.

“Soy escritora y me publican literatura infantil (se refiere a las editoriales Alfaguara  y Santillana -que hace unos años le pidió dos libros para el mercado hispanoparlante de EEUU: El Baúl de los oficios y el Baúl de los juguetes-); y por otro lado soy editora, y no me puedo publicar a mí misma literatura infantil por los costos”. Esto la llevó a investigar qué pasaba con la literatura infantil y el mundo editorial.

“Desde los 80 la industria editorial tuvo que sortear muchos momentos críticos y desarrollaron estrategias para sobrevivir a las crisis. Se produjo la fusión de muchas editoriales. Editoriales medianas fueron absorbidas por las grandes editoriales, que a su vez compraron cadenas enteras de librerías. Esto les asegura la vidriera de la mayoría de las librerías, particularmente de Buenos Aires. El grupo Ilhsa –Librerías Yenny- tiene cuarenta sucursales, y los libros que ellos publican son los que están primero en sus vidrieras. Entonces, qué podemos esperar los pequeños editores del interior de tener un lugarcito para exponer los libros que editamos. Es un problema grande. Así controlan el mundo editorial. No hay crítica literaria verdadera, porque las grandes editoriales compran los espacios con páginas enteras y sostienen así los suplementos culturales – de Clarín y La Nación, por ejemplo. Nunca van a encontrar que hablen mal de los libros de las editoriales que anuncian en ellos, aunque sean horribles. Esto deja afuera a los escritores del interior. Si uno no paga, no nos ponen ni la tapa del libro.

Por otro lado, los concursos literarios -dotados de premios enormes- están arreglados. Un mes antes de que haya un veredicto ya nos enteramos de quiénes son los ganadores. El Premio Planeta está completamente arreglado. No existe para ninguno de nosotros.”

Julia nos llama la atención sobre el hecho de que muchos libros sobre la Patagonia sean escritos por escritores “que vinieron de vacaciones quince días y que creen que ya conocen la idiosincrasia de los patagónicos. Yo he leído libros de Cristina Bajo, de Florencia Bonelli, y hasta de Mempo – que tiene un libro de viaje en la Patagonia con tantas inexactitudes que no lo podía creer. El libro de Bajo sobre leyendas de la Patagonia mezcla lenguaje mapuche con tehuelche, dice inexactitudes. Es una afrenta  a los pueblos originarios. Por supuesto, le escribí a la editorial que se lo publicó para que corrija los errores en próximas ediciones.”

Señala Julia que, desde hace varios años, en la Patagonia vienen surgiendo muchas pequeñas editoriales. “Los escritores de acá se morían por estar en la Feria del Libro de Buenos Aires, para que los vendiera una librería de allá… Pero nos empezamos a dar cuenta de que no nos sirve para nada: siempre nuestros libros están escondidos, en el último rincón, donde nadie los ve, y nos cuesta un montón cobrarlos o que nos los devuelvan. Así que florecieron muchas pequeñas editoriales en la Patagonia que cobijan a los escritores de acá. Por supuesto que la venta no es masiva pero empezamos a hacer un camino pequeño pero productivo.”

Y agrega: “Cristina Ramos; Alejandro Aguado, el historietista; el ilustrador de libros Chelo Candia; Elpidio Islas con novela; Elías Chucair, narrador costumbrista… Hay en Patagonia escritores de primera línea, que aún no pueden trascender en lo comercial, pero que ya han trascendido para quienes gustan de la buena literatura.”

Julia no deja de reconocer la importancia del apoyo de los Fondos Editoriales Provinciales. “El Fondo Editorial de varias provincias -que en el caso de Chubut funciona fantásticamente- publica muchos libros por año, con jurados externos que garantizan la transparencia del proceso, y los libros editados son muy valiosos. Los patagónicos no tenemos que estar mendigando a Buenos Aires que nos publiquen. La Feria del Libro de Buenos Aires es un shopping: nadie se detiene a mirar un libro y hablar cinco minutos con el autor que está en el stand. No hay que seguir a expensas de la cabeza del león.”

 

Mario Pazos: “Nosotros no vendemos Felipe Pigna”

Al frente de Patagonia Sur Libros, una pequeña editorial de Villa Adelina, Mario Pazos se enorgullece de tener editados alrededor de quince títulos. Entre ellos, “Buscados en la Patagonia” de Marcelo Gavirati, “uno de los más exitosos libros de la Patagonia (9500 ejemplares vendidos)”, y la reedición de algunas obras de Ramón Lista como “Viaje al país de los Tehuelches” y “Los indios Tehuelches, una raza que desaparece” (usado como libro de lectura en muchos colegios de la Patagonia).

“Desde hace 12 años tenemos una activa participación en la Feria del Libro de Buenos Aires, pero nuestro trabajo consiste en proveer de libros a todas las librerías y bibliotecas de la Patagonia. Patagonia Sur libros es una importante distribuidora de libros de historia de la Patagonia. Ayudamos a difundir unas quince pequeñas editoriales y muchas ediciones de autor – que tienen valor, a pesar de su falta de difusión comercial.”

Mario nos cuenta que desde hace un par de años están “trabajando con autores que tienen dificultades para editar: tanto en la corrección de textos, la maquetación de la obra, sugerencias de títulos, el diseño de tapa, y sobre todo la posterior distribución y presentación en un montón lugares de la Patagonia y en la Feria del Libro de Buenos Aires. Es el caso de ‘El hijo de la inmensidad’, obra de un nóvel escritor de 82 años que pudo llegar a muchos lugares, y al que ya le están pidiendo la segunda parte de la saga.”

 

Daniel Tórtora: “Nos da pasión hacer esto”

Daniel Tórtora es profesor de Historia, escritor y editor de La Grieta, una  revista política y cultural que nació en San Martín de los Andes en 2002.  Al principio, trabajaban en el proyecto cinco personas, pero se fueron sumando escritores, músicos, artistas plásticos. La Grieta brinda talleres en escuelas de la zona, presenta libros y convoca a escritores para dar charlas. Además participa de la organización de la Feria del Libro de San Matín, que este año tendrá su sexta edición.

Entre los libros que edita, figura la colección de jóvenes escritores de escuelas públicas de San Martín. Gracias al aporte solidario de empresarios agrupados en “Construyendo risas”, les ha sido posible editar libritos con tapa color que entregan a los escritores y a la asociación empresarial. Lo destacable es que son los mismos jóvenes quienes toman las decisiones respecto del prólogo, la tapa, la presentación del libro.  Si bien La Grieta comercializa los libros restantes, Daniel enfatiza que “la idea es despertar las ganas de escribir. No es un negocio. Creemos que tenemos que vivir, pero también que si no tenemos un objetivo y una función para qué hacer esto”. Y agrega: “Aún así, se puede vivir con la editorial”. Se trata, entre otras cosas, de conseguir pauta publicitaria.

En cuanto a los criterios editoriales, La Grieta sigue tres líneas: aquellos autores que le gustan, los edita haciéndose cargo de los costos; aquellas obras que suponen dejar un registro del trabajo literario de la Patagonia, pero que requieren que el autor aporte la mitad de los costos de edición (La Grieta se encarga de distribuirlo y el autor recibe libros); y los casos de autores que pagan la edición de su libro (ambos venden el libro y van a porcentaje de las ventas).

Entre los escritores cuyos libros publica La Grieta, está Rafael Urretabizcaya: “es un escritor reconocidísimo. Lo editamos porque no sólo es un buen escritor y vale la pena, sino porque vende y ganamos plata. Y eso nos permite hacer otras cosas”.  Ha editado también a  Mariani, uno de los poetas malditos, el último beatnik argentino que vivía en Zapala, tirado en la calle, sin haber nunca publicado nada.

Apasionado, Daniel sintetiza el espíritu de La Grieta: “Nos da pasión hacer esto”.

 

Clara Huffmann y Ana Skiendziel: “Es algo en lo que se cree, que se ama”

Clara Huffmann (socióloga) y Ana Skiendziel (politóloga) representaron excepcionalmente a Adriana Hidalgo editora en la Feria Patagónica del Libro. Clara es editora de la colección infantil “Pípala”, que con tres años de existencia lleva publicados veinte títulos para niños. Ana es asistente editorial y encargada de los contratos con autores, traductores y editoriales, y de las ventas al exterior.

Adriana Hidalgo es una editorial mediana, cuyo catálogo consta de traducciones y de autores hispanoparlantes. “Lo que traducimos, dice Clara, no es lo más traducido –el inglés y el francés-, sino el portugués –en general, autores brasileños que nunca fueron traducidos o que lo fueron en algún momento y después se descatalogaron- y el alemán.”

Lo que diferencia a Adriana Hidalgo de otras editoriales es el catálogo. “No sacamos muchas novedades por año. Cada libro es especial, se lo sigue, se lo busca. No se edita por editar. Buscamos traductores muy buenos y que los libros tengan nivel de excelencia.” Además, tiene un “catálogo de fondo”: libros que no se desactualizan, que se venden de a poco, a los que se vuelve. “Es un catálogo vivo”.

En cuanto a los criterios editoriales, Clara nos cuenta: “Se trata de recuperar los buenos autores y libros. Y también se buscan autores nuevos. Estamos abiertos a autores que quizás no hayan sido publicados. Es el caso de Patricia Ratto, una escritora tandilense muy buena, que publicó su primer libro con nosotros, ‘Pequeños hombres blancos’, y luego ‘Nudos’ y ‘Transfondo’. También tenemos a Alicia Plante, una periodista de sesenta años, que nunca había sido publicada y tiene mucha obra escrita. Su ‘Una mancha más’ llegó a Fabián, el editor (periodista y crítico de arte), y le encantó. Y ahora estamos haciendo otro libro de ella. En la búsqueda de autores hay algo azaroso. Pero siempre se busca una escritura trabajada. No se busca el best seller. Esto no significa que nuestros libros no puedan ser leídos por cualquiera, pero te piden un trabajo –no vas a ser un lector pasivo, vas a tener que poner algo de vos cuando leés. Es una lectura activa”.

Clara también nos habla de las tres editoriales que acompañan a Adriana Hidalgo en el stand: Eterna Cadencia, La Bestia Equilátera y Bajo la Luna. “Son un poco más chicas. Sus catálogos, también. Tienen criterios editoriales parecidos a los nuestros, un trabajo del editor muy exquisito. Eterna Cadencia trabaja con escritores nóveles y autores clásicos. La Bestia Equilátera tiene autores norteamericanos e ingleses, con un rescate de autores y obras olvidados o no traducidos.  Bajo la luna, cuyo fuerte es la poesía, tiene traducciones del coreano y del japonés”.

En relación al florecimiento de pequeñas editoriales independientes, que publican bajo criterios editoriales diferentes, Clara lo considera interesante: “Entre las ventajas de este fenómeno está que los escritores sin acceso a los grandes lugares y contactos tienen posibilidades de publicar y que los lean; las desventajas son que se van reproduciendo más y más editoriales, cuyo trabajo editorial es menos exigente. Se publica todo, y no tan interesante. Porque el trabajo editorial es un filtro: uno va a la librería y dice ‘esta editorial tiene un editor y me garantiza que este libro está bueno, porque lo leyó’.

Es interesante que haya editoriales nuevas, porque los grupos editoriales publican muchísimo y sin mucho trabajo…  quizá sacan a la venta sesenta títulos por mes y uno se pregunta: ‘¿hay 60 cosas para publicar?’. Pero bueno, publican autores reconocidos para vender mucho y si después, a los seis meses, no funcionan, tiran los libros y chau.” A lo que Ana agrega: “Nosotros hacemos tiradas de 2000, 2500 ejemplares. Eso lo vendemos quizás en siete, ocho años: una apuesta enorme”.

Ana señala la importancia de los subsidios y las subvenciones a la traducción y a la producción. “Cuando contratamos libros franceses, alemanes, brasileros, todos los gobiernos de esos países tienen programas de ayuda a la traducción y a la producción. En términos de lo que nos cuesta hacer un libro, esto nos ayuda muchísimo. Otra cosa que nos ayuda mucho, son las ventas al Estado: la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares), los Ministerios de Educación de Ciudad Autónoma, de Nación y Provincia de Buenos Aires, compran libros. También los Ministerios de Educación de Chile y México. Si hacemos tiradas de 2000 ejemplares,  que de repente el Estado te compre 17000, significa un impulso de dinero inmenso, pero también nos da una visibilidad enorme. Gracias a esto podemos seguir invirtiendo en la producción de libros. No es un gran negocio editar libros.”

Entonces, ¿por qué seguir?: “Seguimos porque es algo en que todos creemos. El dueño no se llena de plata haciendo esto. Es algo en lo que se cree, que se ama”, concluye Clara.

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