“El editor” Por Rafael Urretabizkaya

Posted on 29/05/2012

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Con distinta suerte aquí todos podremos dejar correr nuestros asuntos que serán viento fresco de abajo, palabras buenas como regar en patas, palabras al pedo, en el mejor de los casos algunas tempestades, y siempre y a pesar de todo; un registro de estos días. Podremos estar los que estamos, algún ausente sin aviso, algún ausente con portazo, algún presente de sorpresa por la puerta siempre abierta. En esta grieta hay un lugar generoso donde expresarse, nada menos.

Ahora, hay un tipo que aquí no podrá faltar. Porque guarda (alberga, atesora) la pasión, la convicción de que esto siga y se redibuje y se readapte a lo mejor o a la posible; o a la mejor de lo posible. Y porque junto a la pasión el tipo tiene (o inventa) las ideas para concretar esa pasión. El Dani, claro, el editor, el que te paga por mentir, el que tira el centro y cabecea durante los primeros 45 minutos hasta que un día tira y resulta que ya tiene un compañero en el área chica, que tal vez la tire afuera, la reviente en el palo o haga gol; eso, de verdad, no es lo mas importante.

Su hija más chica me odia con justa razón. Es que cuando nos cruzamos por la calle, de modo urgente Dani me hace una bajada de los pasos por venir, y eso lleva tiempo y la nena se aburre. Entonces mientras mi amigo desgrana las páginas web que vendrán, los libros, las colecciones, las presentaciones, los viajes, los asados y los cortes de alambre con Ángel y Mirta, ella por lo bajo me putea. Yo los escucho a los dos y desde mi perspectiva veo algo valioso. Escucho a Dani por una razón inevitable y escucho a la nena que de algún modo me dicea ver si me devolvés a mi papá que me está llevando tarde a alguna parte”. A ella, a la nena que ya está un poco más grande, le debo algunos cambios de hábito. Concretamente me baño más seguido gracias a que cuando Dani cruza para los 25 minutos de charla en la vereda, ella por su enojo o su delicado olfato me larga, “ché, por que estás tan sucio vos”. Este último tiempo me avivé y cada tanto caigo a tomar unos mates por su casa, así le hago una gauchada a la casualidad y gambeteo las puteadas de la nena que de local me trata un cachito mejor. Encima es bastante probable que si ando de pasada me toque dulce o un pedazo de tarta que prepara Marisa (esa gran compañera que el tipo supo conseguir). Te digo que hay que ser la compañera de Dani, aquí el amor se queda corto, es que semejante empresa necesita mas vale una cómplice, del estilo del que encontró Arlt para financiar sus “inventos” y el obrero cementista que le alquiló la pieza.

Pascual Naccarati, un actor del Teatro del Pueblo se asoció con Arlt para sacar adelante uno de sus inventos, era el apoyo logístico y buscador de créditos. Alquilan una pieza en Lanús e instalan el laboratorio. Durante una experimentación se produce un incendio, el dueño de la casa un obrero cementista le dice al escritor: “Siga, siga nomás. Aunque se queme toda la casa, no se preocupe.” Así Marisa.

 

En la casa del editor, la vida transcurre entre impresoras que harán revistas y libros como un pedo, máquinas que con una gotita caliente pegarán las hojas, tapas de prueba para libros por los que poca gente tomaría el riesgo de leerlos y este tipo toma el riesgo de editarlos. Hay que estar, te digo. Y el tipo está, pivoteando entre las máquinas y los frascos de dulce y sus proyectos que rebotan por todo el espacio. Nunca mejor dicho “pivotear”, porque el editor jugó muchos años al básquet y ahí aprendió la ecuación entre esperar un buen tiro y la necesidad de probar de lejos, tener la confianza y tomar el riesgo (puntería tiene cualquiera). Ahí en el básquet perdió el miedo al ridículo, entrando desde el banco en calzoncillos y con la cancha llena. Para mí que también del básquet y del barrio trae los valores de ser un buen amigo que intentará convencerte de algo de lo que está convencido, por la sencilla razón de que si hay algo bueno el tipo tiene urgencia de compartirlo. A veces estaremos de acuerdo y a veces no, pero a esta altura a quien le importa. Sabremos lo que el editor piensa porque él se va a encargar de darlo a conocer a manos llenas, con todas las palabras y argumentos que le pueda exprimir a sus ideas.

Hemos realizado varios viajes juntos, algunos lejos. El asunto es que con Dani ir a cualquier lado es lo mismo. Se parecen al encuentro en la vereda con la diferencia que su hija no me va a putear bajito, cada rato nos traerán un sanguchito o meterán en la tele una película que no miraremos porque siempre habrá mucho que desenrollar, que proyectar, que soñar, que amasar, que amansar, que cagarnos de risa de la vida.

Erodosian le manguea plata al farmacéutico, se banca el rajá turrito rajá, y todo para dársela a Tórtora. Yo lo vi a Erdosián llevando a Dani su sueño de instalar la tintorería para perros, proyecto que no concretaron porque Chistik les pedía que azulejaran la tranquera de la casa para poder pasar bromatología. De todos maneras juntos financiaron para sacarse la bronca otro proyecto disparatado, un libro de poesía sobre Carlito, el carnicero de mi barrio. El tipo, como los personajes de Arlt, sueña e inventa y a las dos cosas las trae cortitas. Inventa sueños y sueña inventos. Y así le da cuerda  a la vida, con confianza de que vamos a ganar, nada menos, y de que el va a hacer como le salga, la parte que le toca.

El editor es mi amigo

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