Paulo Freire las contribuciones posibles del pensamiento freireano en la educación intercultural

Posted on 18/04/2012

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Hoy se concibe a la educación intercultural como un proyecto que no se encierra dentro de las paredes de la escuela ni se agota en la escolarización exitosa, sino que replantea las articulaciones entre diferencia y desigualdad . Este énfasis es parte de los desarrollos centrales de Paulo Freire.
El concepto de cultura como campo de producción de significados atraviesa casi toda la obra de Freire. Según Freire, el ser humano es un ser histórico que a través de su trabajo va mudando los rostros de la sociedad y del mundo, dándoles nuevos contornos.
Para Freire el “hacer” de hombres y mujeres, la obra humana -diría Herscovits- tiene su referente en la cultura. Es en ella que los sujetos sociales luchan y resisten para mantener vivo aquello en que creen.
La naturaleza ética de la práctica educativa supone que los educandos asuman la identidad cultural propia, como seres sociales, históricos, críticos, transformadores. La cuestión del respeto a la identidad de las personas, de la que forman parte la dimensión de su individualidad y la de su pertenencia cultural, es fundamental en una practica educativa progresista, tiene que ver directamente con la asunción de nosotros por nosotros mismos.
En estrecha relación con la problemática de la identidad cultural, Freire analiza la multiculturalidad desde el punto de vista ético, la subvaloración y discriminación de determinadas culturas, y su exigencia de respeto a la dignidad humana. El tratamiento justo a grupos humanos específicos, nos dice, no es un fenómeno espontáneo, sino que es resultado de siglos de luchas sociales y políticas, es una libertad conquistada.
En la interculturalidad, como en la doctrina freireana, la palabra clave es diálogo creativo. Desde los movimientos de cultura y educación populares que llevó adelante a principios de los años 60, Paulo Freire promovió el respeto a las diferencias de los grupos sociales y sus identidades y diversidades culturales. Su obra total muestra la importancia vital de este encuentro e interacción a través del diálogo en un mundo cada vez más plural.
Hay que reconocer que los educadores formados sobre bases etnocéntricas resultan incompetentes frente a la diversidad cultural y actúan consciente o inconscientemente de manera funcional a la colonización ideológica. Un entramado monocultural y eurocéntrico caracteriza el desarrollo institucional de la modernidad y por ello no es extraño que la escuela continúe asociando identidad nacional con homogeneización cultural. La estandarización del currículo contribuye a mantener prácticas de exclusión social.
Aunque los desarrollos sobre identidad cultural e interculturalidad provienen fundamentalmente de las ciencias sociales, antropología y sociología, pero es sobre todo como educación intercultural que logrará concretarse. Para ello es preciso reconocer como desafíos que constituyen tareas fundamentales:

  • Contribuir a la inclusión social con directrices básicas que generen condiciones sociales propicias a una convivencia pacífica y al imperio de una democracia plural.
  • Desarrollar prácticas socioeducativas con sensibilidad intercultural, lo cual supone cultivar y promover capacidades que conlleven curiosidad profunda, respeto y valoración por las visiones de mundo, intereses y saberes de los demás.
  • Promover el respeto a las diferencias (étnicas, lingüísticas, culturales, de género) que se asiente en el reconocimiento del otro en su alteridad y proyecte una disposición dialógica.
  • Construir formas de colaboración intercultural para comprender los encuentros y desencuentros entre pueblos diversos dentro de las sociedades nacionales, así como la comunicación entre sociedades nacionales.
  • Formar ciudadanos participativos, conscientes de su importancia y su papel en la sociedad, capaces de ejercer y defender su libertad.

La interculturalidad habrá de profundizar la democracia, los vínculos de solidaridad que subyacen a una ciudadanía compartida, desafiando a las estructuras clasistas, racistas, patriarcales y sexistas que impiden la transformación de las relaciones de poder.
La propuesta educativa de Freire es que ella sea emancipadora e igualitaria, asentada en una práctica dialógica, este pensamiento nos convoca a valorar nuestras diferentes vertientes culturales como parte de una práctica educativa libertaria. Tenemos que apuntar, desde diferentes instancias, a que la diversidad sea vista como un valor que nos ayuda a ubicarnos en el mundo moderno y no como un problema.

MARKAPACHA

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