¿Así que sos actor? ¿Y de qué trabajás?

Posted on 09/03/2012

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Participé en tres oportunidades de la Fiesta Provincial del Teatro. La primera vez en Zapala, -en el marco de una perfecta organización diagramada y llevada a cabo por los compañeros de elencos locales- y el resto en Neuquén capital, donde además de competir  pude llevar mi trabajo a un teatro barrial y a dos escuelas. La oportunidad de encontrarnos elencos de la provincia, permitió conocernos, cambiar ideas, confraternizar, y durante las tres noches, al fin de las funciones, el relax camaraderil de pobladas mesas con algo de pizza, bastante y merecido vino y, por qué no, los sabrosos e infaltables dimes y diretes. Todos nos enriquecimos con sinceros elogios. Y merecidas críticas. Además, y éste es el eje de la nota, todos los elencos cobrábamos. Se nos reconocía y se nos jerarquizaba como trabajadores. Retribuían nuestra labor –no obstante quedaban algunas asignaturas pendientes: que los elencos pudieran permanecer más tiempo para presenciar más espectáculos y que se cumpliera la promesa de distribuir prorrateadamente las recaudaciones entre los participantes.

El año pasado, con nuestra ciudad como sede del encuentro, la cosa cambió. Los compañeros técnicos que viajaron de Neuquén para dar su asistencia al nutrido programa de actividades escénicas, cobraron viáticos y extras. Los funcionarios de la Dirección Provincial de Cultura que viajaron desde Neuquén a ésta, cobraron viáticos y extras. Los miembros del jurado que viajaron desde Neuquén y Buenos Aires para ver, deliberar y discernir, cobraron viáticos y extras.

Hasta aquí todo muy bien. Profesionales, técnicos, burócratas, venían a trabajar, a integrarse a un trabajo que, lamentablemente, solos no podrían haber producido. Un trabajo que suele llevarse a cabo sin profesionales, técnicos y mucho menos burócratas. El trabajo de actor, el fruto de ensayos, entrenamientos, esfuerzos: la representación teatral.

Ahora bien, el año pasado, aquí, en nuestra ciudad, se decidió que los actores no percibieran ni un peso por su trabajo.

Quién escribe estas líneas, como se considera dueño de su fuerza laboral, decidió repudiar tal medida discriminatoria e injusta: no concursar con la obra que en esos momentos estaba representando. Terminado el encuentro, en una reunión entre compañeros se evaluó como justa la medida adoptada. Este año, en el mes de Octubre, se ha celebrado una nueva versión del Encuentro, con un ajuste: los elencos que participan no viajan o hacen trayectos cortos; Junín, San Martín, La Angostura viajan juntos. Adiós a la oportunidad de encontrarnos, ver el trabajo de más compañeros y enriquecernos. Culturalmente quiero decir, porque de cobrar, como decía Méndez, minga.

Hay tres instituciones que tienen que ver con esto. TENEAS que, se supone, defiende los intereses de los actores, La Dirección Provincial de Cultura que debe cumplir con leyes de apoyo a la actividad. El Instituto Nacional de Teatro que, cada año, ve menguado su presupuesto.

Hubo dos posturas. Participar y protestar, y la otra, no participar, no regalar nuestra fuerza de trabajo. Una voz en el desierto. Creo que, en esta pulseada, ganaron los Entes. Se hizo el Encuentro. Los burócratas enriquecieron sus curriculums.

Horacio Arévalo

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